Fernando Díaz Herrera / De Ramón a Salvador, la llama roja
El joven Salvador Allende, como de costumbre, llegaba temprano al Liceo Eduardo de la Barra. El bullicio de la mañana se mezclaba con el olor a tiza y el aroma oceánico; los pasillos resonaban con risas, pasos apurados y el murmullo del oleaje. Entre ese ambiente escolar, Salvador aparecía circunspecto, distinto al jolgorio de sus compañeros. Alguien le preguntó si…