Habían pasado poco más de diez días del gobierno de Kast y ya se citaba el chiste de Álvaro Salas para decir que se nos han hecho largos. No llevan ni 3 semanas y ya han logrado marcar la agenda pública con indignantes retrocesos. Quiero hacer un breve recuento de su estrategia, de sus medidas y de nuestra posición para contribuir a la caracterización de nuestra oposición social y política. Hacerlo después puede ser demasiado tarde. No podemos no ver la injusticia que se nos cierne, no debemos quedarnos en casa, debemos pasar al frente, con decisión y entusiasmo.
Primero, veamos la estrategia de Kast que se llama “inundar la zona”. Steve Bannon, ideólogo de la ultra derecha estadounidense lo señala claramente cuando quiere bombardear de noticias, como el blitzkrieg nazi, pero con medidas administrativas regresivas. Han realizado un gran despliegue comunicacional para anunciar con bombos y platillos sus medidas. Mismo libreto ocuparon en otras latitudes: el megadecreto de Milei y los cientos de órdenes ejecutivas de Trump, ambas en los primeros meses de gobierno. El compañero Francisco Arellano tiene una muy buena columna donde ahonda en esta estrategia. En esa columna sostiene que la saturación normativa cumple cuatro funciones: la primera, desorientar la respuesta organizada; la segunda, generar una sensación de hechos consumados antes de que puedan ser impugnados; la tercera, ser una señal para los actores económicos en misión de abrir mercados; la cuarta, instalar una nueva normalidad con un bombardeo constante de medidas que dificulta distinguir lo relevante.
Segundo, veamos algunas de las medidas de Kast que han dado que hablar, como el recorte transversal de 3% en todos los ministerios, el Plan Escudo Fronterizo con la zanja que se construye al ritmo de 20 metros diarios; el Plan de Reconstrucción Nacional que terminará por destruir la sociedad de derechos que hemos intentado construir; el retiro de más de 40 decretos ambientales que creaban nueva institucionalidad ambiental; la eliminación del MEPCO en un contexto de alza drástica del petróleo y sus derivados por el cierre del Estrecho de Ormuz; el recorte a la gratuidad y a la BAES, por nombrar algunas de las medidas más polémicas. ¿Qué tienen en común? Son medidas altamente ideológicas, que conectan con el núcleo fundamental del neoliberalismo en Chile, en su versión Chicago-gremialista, que busca un Estado pequeño para que el mercado pueda expandirse a sus anchas. Ellos no creen en una sociedad de derechos, no han creído nunca en ella. Tampoco creen en la solidaridad si no en la más cruda competencia. No se reconocen en ningún otro, son individualistas.
Tercero, veamos críticamente nuestra posición, en la que hay una doble tensión en el debilitado movimiento social organizado. La primera es sobre convocatoria y la segunda sobre radicalidad. Vamos de a una.
Hay una primera tensión en el movimiento social que dice relación con la expectativa estática de un movimiento social amplio, cuando la realidad indica que la fuerza de la movilización social radica justamente en que ha de haber un crecimiento constante de la fuerza movilizada. No iniciaremos un movimiento masivo, pero debemos ser capaces de organizarnos para iniciar la movilización. Dicho en simple: no hay que sacarle el quite a la marcha de 300 personas, mientras antes exista, mejor. De una base cierta hay que empezar la lucha social.
Pero hay una segunda tensión en el movimiento social, que dice relación con la radicalidad de las formas de lucha. Habrá voces que llamarán a la responsabilidad o moderación y voces que incitarán a la radicalidad, pero lo importante, para nosotros como frenteamplistas, está en la identificación de las formas que aseguran mayorías sociales. Eso no significa cerrarse a una forma u otra, más o menos responsable, más o menos radical, sino buscar siempre la construcción de mayorías sociales. Sin mayorías sociales no podremos contribuir al desarrollo de un movimiento social robusto. Y solo un movimiento social robusto puede transformar realmente la realidad.
En todo caso, el debate entre responsabilidad y radicalidad también está atravesado por las amenazas sin cumplir del gobierno de Kast. Hasta ahora, han sido despliegues comunicacionales, puntos de prensa y posicionamiento público para instalar ciertas ideas con un marcado tono ideológico conservador y neoliberal. Pero como están “inundando la zona”, seguramente llegarán hasta las últimas consecuencias con lo que han amenazado. Y ahí debemos actuar con astucia, creatividad y desobediencia civil. Pero antes, debemos preparar nuestras conciencias y disputar las conciencias vecinas de nuestras compañeras y compañeros.
Tanto la estrategia como las medidas del gobierno de Kast requieren que como estudiantes frenteamplistas tomemos una posición y la desarrollemos en el movimiento estudiantil, nuestro espacio de inserción. Creo firmemente en una movilización social ascendente que se inicie con una reflexión colectiva en las escuelas, colegios, liceos y universidades, públicas y privadas, sobre las consecuencias y coletazos del gobierno de Kast. No solo lo que ya ha dicho, sino también lo que hará más adelante. Debemos preparar nuestras mentes tanto como nuestros cuerpos para esta batalla que se avecina.
Solo cuando hayamos realizado una reflexión colectiva y hayamos construido un relato que movilice las esperanzas y anhelos de la mayoría de nuestras compañeras, compañeros y compañeres, podremos salir a la calle con una movilización enérgica, efervescente y convocante. Sin la reflexión colectiva, seguiremos siendo una vanguardia movilizada pero desacoplada del estudiantado del que proviene.
Creo en la unidad de la voz como motor de la movilización. Creo en la movilización como herramienta clave para la lucha social. Pero creo también que debemos ser hábiles y no repetir como calco y copia viejas recetas. Reivindico nuestras formas porque son dicharacheras, empáticas y digitales, y porque apuestan por la comunicación efectiva y la construcción colectiva. Debemos ser creativos para inventar nuevas formas, nuestras formas, y con ellas subvertir un orden neoliberal que se viste de nuevos ropajes para defender las mismas ideas añejas.
*Claudio Calabrán Muñoz es presidente nacional del Frente Estudiantil del Frente Amplio.