Francisco Arellano Rojas / ¿Nuevo clivaje o continuidad antiestablishment?

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Diversas personalidades han sostenido el agotamiento del clivaje democracia/dictadura como factor para explicar el comportamiento electoral en Chile y su reemplazo por un nuevo clivaje refundación/restauración a partir de los resultados del plebiscito de 2022 y la segunda vuelta entre Jara y Kast. Si bien sugerente, esta explicación pareciera quedarse corta para dar cuenta de los fenómenos que se observan en la política chilena. Si la próxima elección la gana Parisi, ¿qué es eso, refundación o restauración?

Una investigación reciente de la Fundación Nodo XXI, al consultar sobre la intensidad de los cambios que anhela la ciudadanía, concluyó que el 78% desea muchos cambios y rápidos. Esto es coincidente con el estudio de PNUD 2024 que concluyó que el 84% de la población desea cambios y al preguntar sobre el contenido de esos cambios el 67% optó por “que las cosas en el país sean de otro modo, ni como eran antes ni como son ahora”.

Si bien el paralelo entre el plebiscito del Apruebo y Rechazo y la elección de este año es tentador, queda fuera de explicación el plebiscito de 2023, donde la opción de Kast fue derrotada 44% a 56%. Más que el ingreso de un voto consolidado en clave “restauración” pareciera que lo dominante en el votante obligado es la posición “anti”, que distintos estudios han caracterizado -con matices- como antipolítica, antiélite o antiestablishment. Esto es coincidente con el hecho de que Parisi fue el candidato cuyo aumento de votación entre 2021 y 2025 más se relaciona con el ingreso de los nuevos votantes, sectores que hasta hoy habían decidido no participar del proceso electoral, y que votaron por un candidato que se presentó como “ni facho ni comunacho”.

Si bien el clivaje del plebiscito del 88’ resulta insuficiente para explicar los resultados electorales recientes, tampoco basta con hilar procesos locales para tratar de armar un nuevo relato. El surgimiento de este electorado con un fuerte rechazo a la política tradicional y disponible para votar opciones antiestablishment es un fenómeno global, y se relaciona con el agotamiento, a partir de la crisis económica de 2008, del “progresismo neoliberal”, con sus marcos de democracia liberal, libre mercado y políticas de reconocimiento como forma hegemónica en occidente. Es la fórmula de Clinton y Blair que buscó contener los excesos del modelo de sus antecesores, Reagan y Thatcher, pero que terminó abandonando los derechos de vastos sectores de trabajadores a la desprotección del mercado, y son ellos quienes hoy, desconfiados de las promesas incumplidas del progresismo, buscan solución en liderazgos como Trump.

Esta trama global no se traduce mecánicamente en nuestra realidad local, pero sí ayuda a entender los cambios estructurales en los que se desenvuelve nuestra política nacional. Así como el clivaje entre el Sí y el No fue uno más de los casos de las democratizaciones de “tercera ola”, hoy vivimos nuestra propia variante del voto antipolítica y el surgimiento de ultraderechas. Esta perspectiva también ayuda a la izquierda y al progresismo a entender la profundidad del desafío de reconectar sociedad y política, a valorar el 30% de apoyo logrado por este gobierno y el 42% obtenido por Jara, y asumir lo mucho que falta por construir.

*Francisco Arellano Rojas es investigador de la Fundación Nodo XXI.

Investigaciones mencionadas:

Nodo XXI presenta «Del estallido al orden: nuevo mapa político-cultural del Chile»

Nodo XXI publica su Informe Elecciones Presidenciales 2025: claves para entender el nuevo electorado bajo voto obligatorio

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