Ideas de frente. Trayectorias, reflexiones y debates desde el Frente Amplio es, ante todo, un ejercicio intelectual impulsado por militantes destacados del Frente Amplio (FA), más que una obra emanada desde la dirección del partido o un texto programático. Esa condición le da libertad para concentrarse en la reflexión y el debate sin cargar con el abecé habitual de toda orgánica partidaria, como la política de alianzas o visiones electoralistas de corto alcance.
Así, la mayoría de los capítulos funcionan como un refresco intelectual, textos estimulantes y capaces de incomodar a la propia militancia del FA. Pese a su carácter coral y a no responder a una tesis única, el libro entrega otras luces sobre qué ha sido —y qué puede ser— el Frente Amplio, sumándose, de esta manera, a otros ejercicios recientes como El gobierno de Gabriel Boric del Carlos Peña, La nueva izquierda de Noam Titelman e, incluso, Los inocentes al poder del Daniel Mansuy.
Italo Calvino propone 14 características para calificar un libro de clásico. Sin ser un clásico, cómo podría proponérselo, Ideas de Frente me recordó esta propuesta. Para Calvino, clásico es aquel libro que tiende a relegar la actualidad a categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo. Creo que Ideas de frente tiene esa cualidad.
Uno de los méritos más relevantes del libro es desmontar la caricatura persistente sobre los orígenes del Frente Amplio como una generación joven dogmática e incapaz de comprender los avances socioeconómicos de Chile durante la transición. Los capítulos de Pierina Ferretti y Simón Ramírez son particularmente valiosos en este punto: el primero, porque pone el punto sobre las íes en cuanto a cuáles son las verdaderas diferencias políticas y económicas del FA con los gobiernos de la transición; y el de Ramírez porque se propone que el proyecto frenteamplista muestre un horizonte de verdadera libertad y desarma algunas de las trampas o paradojas del modelo chileno como, por ejemplo, la ilusión de la propiedad.
El capítulo de Sebastián Henríquez y Andrés Estefane sobre educación destaca por su tono autocrítico y directo. Reconoce sin ambigüedades que el Frente Amplio ha sido corresponsable de la pérdida de centralidad de la educación en la agenda pública. Apunta a la debilidad política y a la falta de arrojo para defender los cambios impulsados, planteando la necesidad de volver a un horizonte programático desdibujado por el trajín burocrático y la coyuntura. Es uno de los pasajes más honestos del libro.
El libro tampoco elude temas complejos como la relación entre el Estado chileno y los pueblos indígenas. En el capítulo de María Hueichaqueo y Osvaldo Quilaman se entregan miradas esperanzadoras —al observar experiencias más armónicas como las del pueblo atacameño o Rapa Nui— y afirmaciones duras como la idea de transitar hacia zonas “libres de violencia y extractivismo” en un país cuya estructura productiva es, en buena medida, extractiva minera. Esa tensión queda abierta y merece mayor elaboración.
En la misma tónica, el libro incluso abre espacio para debates en torno a temas menos habituales en la izquierda chilena reciente, como la tecnología —con un ensayo de Giorgio Jackson alejado del optimismo tecnológico— o el mar, a partir del texto de Nicole Molina, que introduce dimensiones del Chile material real muchas veces ausentes en este tipo de compilaciones.
Resulta especialmente refrescante el capítulo dedicado a la ruralidad, un espacio donde el Frente Amplio ha tenido escasa incidencia política. Los aportes de Fabián Lara y Leslie Venegas ayudan a sacar la mirada del eje urbano-metropolitano que domina buena parte del debate progresista. Además, demuestran con números en mano, como esa nula presencia ha influido en que, por ejemplo, el Frente Amplio no haya superado al senador Alejando Guillier, en las elecciones presidenciales de 2017 o que pese a la gran distancia entre el presidente Boric y el actual presidente electo José Antonio Kast en la elección del 2021, en las zonas campesinas ganó este último. Pero más allá de los números, lo importante de esta sección es que convida al frenteamplismo a estar en el mundo rural, a entender con empatía su ethos y a conectar con los jóvenes campesinos.
Es distintivo del Frente Amplio, si se lo compara con otras casas de la izquierda, que el feminismo está en el corazón de su identidad. Esto puede verse nítidamente en el capítulo de “cuidados” de Javiera Toro y Daniela López como también en el del “feminismo frenteamplista” de la Antonia Orellana y Javiera Cabello. En ellos se reconocen las definiciones feministas que fueron fundamentales para el triunfo del presidente Boric y también algunas políticas emanadas desde el Gobierno que han permitido avances en el sentido común frente al machismo.
También es sugerente la invitación de Álvaro Ramis a pensar un partido antagonista sin caer en la polarización, una idea atractiva para quienes creen posible oponerse al neoliberalismo sin asumir que la mitad del país es un enemigo. En esa misma línea, el capítulo de Neto Águila con referencias a Gramsci y Recabarren, entrega pistas interesantes sobre organización y cultura política. Especialmente valiosa es su idea de construir sedes partidarias como “casas del pueblo”, invitación que también hace Jorge Arrate en el Capítulo 1. ¿Cómo no va ser atractivo imaginarse al Frente Amplio a lo largo de Chile promoviendo bibliotecas?
En síntesis, Ideas de frente es un aporte relevante al debate de las izquierdas y del progresismo chileno. Justamente por eso, deja abiertos flancos que podrían dar pie a un segundo tomo. Si bien hay capítulos dedicados a economía y modelo de desarrollo, resulta ineludible una reflexión específica sobre la minería. No es posible comprender la trayectoria económica chilena sin asumir como condición habilitante y estructural la convivencia entre Codelco, una gran empresa minera pública, con las principales mineras privadas del mundo.
Del mismo modo, aparece pendiente una discusión más clara sobre cómo el Frente Amplio piensa y proyecta industrias como la minera, la forestal o la pesquera. Conceptos como reindustrialización circulan con fuerza en la militancia frenteamplista, pero conviven con una relación ambivalente respecto de sectores productivos existentes, muchas veces marcados por una imagen negativa asociada a sus déficits ambientales.
Este libro muestra al Frente Amplio como un partido vivo, estimulado intelectualmente y enriquecido por ideas provenientes de trayectorias diversas.
Finalmente, el libro deja sobre la mesa otros debates que merecerían desarrollo: la política de regionalización, el latinoamericanismo, las políticas de cultura, la figura del presidente Boric como el militante más destacado y de más proyección, la relación con el mundo privado y la empresa, la autocrítica al período de la Convención Constitucional (más que al del estallido social como reclaman las derechas). También queda pendiente profundizar la conversación instalada por Ferretti y Ramírez acerca de los últimos treinta años de historia chilena y cómo esa mirada cambia tras la experiencia de gobernar. Pero está la oportunidad de escribir un nuevo tomo.
Quienes vemos en la literatura la más alta pasión o el pasatiempo de mayor rango somos reacios a creer en libros obligatorios. Sin embargo, Ideas de frente debiese ser visto como un libro de atención e interés por todo observador de la coyuntura política chilena. Y, más aún, por quienes aspiran a intervenir en ella.
*Tomás Manuel Fábrega es magíster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Chile, licenciado en Historia y periodista por la UDP, y autor del libro de poesía Las primeras avenidas.