El Regional Sur de la Juventud Socialista fue uno de los más importantes en dictadura. Constituía un referente de opinión interna obligado. Tal como lo era el Regional América de la Universidad de Chile o el Regional de Concepción. No se podía mover a la JS a una u otra posición política sin contar con la validación del Regional Sur.
De allí surgieron dirigentes destacados como Víctor Soto, Patricia Pérez, Iván Borkovski, Patricio Riffo, Keko Palma, Alejandro «Polo» Quilodrán, Sergio Navarro, Marcos Pérez, Héctor Lizama, Marcela Naranjo. O el destacado músico y cellista de Napalé, Reinaldo “Cacharpa” Villalobos, oriundo de La Legua, o Juan Azocar, periodista, a quien debemos el más acucioso trabajo de reconstrucción histórica de la primera dirección clandestina del PS.
En ese contexto de efervescencia social y política, un liderazgo gravitante del Regional Sur en los 80 fue, sin duda, el de Anselmo Cádiz. Secretario político del Regional por varios años, y luego miembro del Comité Central y de la Comisión Política de la JS, llevó a estas instancias la sensibilidad y la mirada de lo territorial poblacional.
Fue protagonista, junto a toda esa generación de dirigentes de la zona Sur de Santiago, de innumerables jornadas de protestas, particularmente en el periodo 1983-1986, que pusieron en jaque a la dictadura. Anselmo Cádiz no era un “vanguardista”, creía en la organización y en las movilizaciones sociales amplias; rupturistas si era necesario, pero cuando la radicalidad podía afectar la masividad, optaba por la masividad y la organización.
A pesar de la gravedad de los acontecimientos de aquellos años, nunca perdía su sentido del humor ni su semblante alegre y vital. Había algo lúdico en su forma de ser que traspasaba a la militancia. Gustaba de reírse, junto a su amigo Manuel Abalos, “Humberto”, dirigente también del Regional y más iconoclasta aún, de cierta solemnidad militante. Era un rasgo que cruzaba a una parte de la militancia de la JS Almeyda: cumplir con rigor las tareas partidarias no era incompatible con mantener una cierta distancia irónica con lo que se hacía y sucedía.
Los cargos dentro de un partido son roles, pero también los determinan quienes los ocupan. Anselmo era alguien que poseía una fluida conversación, le gustaba la bohemia, y se interesaba por muchos temas más allá de la política pura y dura. Le motivaba especialmente la cultura, lo que se vería reflejado posteriormente en su trabajo en el municipio de El Bosque.
Anselmo fue alguien dialogante, un constructor de acuerdos. Tenía posiciones claras que pasaban por salvaguardar lo popular, pero no era intransigente, ni dejaba de mantener el diálogo con quienes dentro de la JS estaban en posiciones distintas. Se apreciaba esa capacidad de interlocutar con todos, incluso en los momentos más álgidos de las disputas internas. O como lo demostró después en su rol articulador de la Asociación Chilena de Municipalidades, en la que jugó un papel clave.
En democracia fue el primer director de la Casa de la Cultura de El Bosque, la que bajo su conducción se constituyó en un importante polo cultural en ese sector, por donde pasó y sigue pasando el jazz, el teatro, el cine y las artes visuales en la galería Guillermo Núñez creada por él.
Cuando Anselmo falleció, el proyecto que él levantara pasó a llamarse Casa de la Cultura Anselmo Cádiz. Y hasta hoy sigue siendo un importante referente de la cultura inserta en una comuna popular. Una expresión exitosa de que la cultura puede florecer desde lo barrial e irradiar desde allí al conjunto de la sociedad.
Este 24 de mayo de 2026 se cumplieron 23 años de su prematura muerte. Quienes tuvimos la oportunidad de tratarlo y de sostener largas conversaciones con él, a veces hasta entrada la madrugada, recordamos su sentido del humor, que incluía el sano ejercicio de reírse de sí mismo, así como su forma de mirar y vivir la vida con gran intensidad. De querer sacarle a esta todo lo posible a cada minuto. Hasta el final.
La Casa de la Cultura Anselmo Cádiz es su legado. Su nombre hace justicia con alguien que perseveró en construir y dar voz al mundo popular, a su valores y cultura, en todos los espacios políticos -en dictadura y en democracia- en que le tocó participar y vivir.