La incertidumbre es el clima de nuestro tiempo y cómo no va a serlo si todas las formas históricas de organización social y política están tambaleando. Frente a eso, muchas veces nos preguntan hacia dónde vamos como sociedad. Yo creo que vamos derechito hacia el colapso de la sociedad civil como la conocemos y del Estado democrático de Derecho que hemos conquistado con lucha social y organización política. El capital se reinventa al ritmo de la inteligencia artificial, la digitalización y la automatización del trabajo. En esa línea, uno de los movimientos más relevantes del siglo será el cambio en la hegemonía mundial desde Estados Unidos a China, cuestión que también viviremos durante el curso de nuestras efímeras vidas.
Como la amenaza es real, debemos actuar resueltamente no solo para evitar el colapso sino para construir una forma de organización política que tome nota de las formas más útiles a la emancipación de las oprimidas y los oprimidos en la historia chilena y universal. Nuestra acción es clara y está comprometida con un nuevo régimen que redistribuya el excedente socialmente producido y el poder político concentrado, en favor de mayorías sociales históricamente excluidas.
Hacia un movimiento social por la educación
La acción propiamente estudiantil también está atravesada por este clima incierto multinivel. No puede no estarlo si la escuela y la universidad son parte de las sociedades como aparatos ideológicos o instituciones disciplinarias que influyen directamente en los sujetos, sobre la base de construcciones sociales fuertemente ancladas. Entonces, podemos reconocer que el sistema educativo, inicial, escolar y superior está en una crisis profunda, tanto de sentido, como de currículum, de convivencia y de financiamiento. Esta multicrisis se expresa en una crisis de las organizaciones tradicionales estudiantiles, como el centro y la federación de estudiantes.
La crisis, en todo caso, no es solo de la organización estudiantil sino también de la movilización propiamente tal y limita fuertemente los repertorios de acción del presente. El paro, la marcha y la toma han sufrido un desgaste indudable y han perdido legitimidad social como herramientas que apelan al sentido común mayoritario. Es cierto que la movilización está en una fase de repliegue post rechazo a la propuesta de nueva Constitución de 2022, pero incluso en 2026 no logra recomponer su capacidad de organización para una movilización eficiente. La crisis de las estructuras de intermediación podría cobrarse una víctima insospechada: el movimiento estudiantil.
Reconocemos, en todo caso, el esfuerzo que requiere la siempre lenta organización social transformadora. Para tener un movimiento social robusto hacen falta demasiados pasos previos. El primero, sin lugar a dudas, es uno no tan ideológico pero muy necesario: la articulación gremial, propiamente corporativa. En el caso del movimiento estudiantil eso es la representación fidedigna de los intereses y necesidades concretas de les estudiantes en Chile. Esto permite el paso previo de contar con organizaciones estudiantiles democráticas y altamente legitimadas en su base social de sustentación.
Pero no se puede tapar el sol con un dedo y hay que reconocer que hay dos pilares del movimiento estudiantil que suelen tener dinámicas de tensión y relajación sucesivas. El movimiento de estudiantes secundarios es uno cargado de simbolismos históricos, mártires y rebeldía juvenil organizada. El movimiento de estudiantes universitarios, en cambio, es uno cargado de masividad y capacidad de diálogo con otros actores sociales y políticos. Cada una de estas características robustece la capacidad del movimiento estudiantil para hegemonizar el discurso público en la sociedad civil, lo que significa una virtud más que un problema.
Un movimiento social por la educación sería el siguiente paso orgánico. Este sería el resultado de la articulación entre secundarios, universitarios, docentes, paradocentes, apoderados, académicos, directivos y funcionarios de las instituciones de educación chilena, en alianza con la sociedad civil y la ciudadanía. Finalmente, el paso posterior es la articulación del amplio mundo social organizado.
Sostenemos la primacía del movimiento feminista como intermediador principal de los movimientos sociales chilenos y por lo tanto el movimiento social por la educación no asume la vanguardia de la lucha social y política por un nuevo régimen democrático. Esto es así porque defendemos, en el plano de las alianzas con actores estratégicos, la máxima unidad posible, social y política de todas las fuerzas de cambio en Chile. Esa unidad debe ser programática y les estudiantes frenteamplistas tienen la labor de contribuir a articular el programa de lucha por el avance democrático de nuestro siglo.
La rebeldía de este siglo
Solo resta responder la pregunta que titula esta columna, ¿hacia dónde vamos les jóvenes estudiantes del Frente Amplio? Me atrevo a decir, en un primer nivel, macro, como estudiantes comprometidos con la transformación social, que hay una prioridad estratégica en hacer retroceder a la ultraderecha mediante el avance democrático de la unidad social y política de las fuerzas de cambio en el Chile de hoy. Queremos colaborar a construir respuestas colectivas a los problemas sociales actuales, como la crisis climática, la alianza capitalismo-patriarcado, la violencia, el crimen y el narco, la seguridad frente a la incertidumbre, la salud física, mental y social, la vivienda y la ciudad, o las relaciones coloniales del Estado chileno sobre los pueblos originarios.
En un segundo nivel, el de la educación secundaria, vamos hacia la consagración de la educación socioemocional como un nuevo estadio hacia el cual debe acceder la educación chilena que, conjugada con la educación sexual integral, genera una simbiosis que produce el horizonte de la educación sexoafectiva como aquella que permite generar sujetos amorosos que puedan rebelarse contra el autoritarismo y la injusticia. Es necesario, en otro ámbito, retomar la agenda de acceso democrático a la educación superior, mediante la eliminación de las pruebas estandarizadas como la PAES y la demanda por un propedéutico o bachillerato como mecanismo de ingreso a la ESUP. Finalmente, la demanda por democracia estudiantil no pierde vigencia cuando la autoridad pública trata a les secundaries como delincuentes, aplica Aula Segura y reglamentos internos como si fueran el Código Penal y promueve leyes que los criminalizan, como la de Escuelas Protegidas.
Un tercer nivel, el de la educación técnico profesional, también presenta desafíos. El principal de ellos es la orientación y producción del conocimiento técnico enmarcado en una estrategia nacional de desarrollo industrial. Sin estrategia nacional de desarrollo, seguirá siendo la rentabilidad del mercado la que dictará el patrón de comportamiento de la matrícula técnica. Además, también es necesaria la incorporación de estos planteles a las vías de democracia estudiantil, mediante la conformación de Centros de Estudiantes y otras formas de organización.
Finalmente, en un nivel universitario, estamos embarcados en la defensa del bienestar, los cuidados y la salud mental de les estudiantes, y también estamos comprometidos con la producción y orientación del conocimiento profesional en un mercado laboral en crisis. Comprendemos los desafíos de la digitalización y buscamos actualizar nuestras organizaciones estudiantiles tradicionales teniendo en cuenta las nuevas formas digitales de participación y deliberación estudiantil. Finalmente, asistimos a una batalla cultural entre dos bandos. De un lado, estamos quienes defendemos la justicia social que supone la redistribución del excedente socialmente producido y el poder político concentrado, mediante la realización de una sociedad de derechos. Del otro lado del río, están quienes justifican la desigualdad social como algo natural, y que defienden la acumulación de capital y poder político en la menor cantidad de manos, y a esa mentira la llaman libre mercado.
La identificación del Frente Estudiantil del Frente Amplio es con un sujeto estudiantil comprometido con la transformación social mediante la lucha política y estudiantil, promoviendo las perspectivas democrática, de clase, de género, ecológica, plurinacional y de derechos humanos como formas legítimas de acción política, tanto dentro como fuera de las instituciones de educación en Chile. ¿Te interesa? Nuestra organización está abierta a la rebeldía de este siglo.
*Claudio Calabrán Muñoz es presidente nacional del Frente Estudiantil del Frente Amplio.