Conversamos con Sebastián Depolo, sociólogo y exembajador de Chile en Brasil durante el gobierno del presidente Gabriel Boric, sobre los factores que incidieron en el triunfo de Lula en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil que se realizaron el 25 de octubre y las consecuencias que este tiene para América Latina.
¿Como se explica esta remontada de Lula? Sumó 10 millones de votos. ¿Como lo logró?
Cambió totalmente la estrategia, cambió equipos, integró nuevas vocerías, pero sobre todo logró que la campaña se ciudadanizara, que se convirtiera en algo personal para mucha gente que se comprometió con la elección entendiendo que era entre democracia y barbarie entre soberanía o sometimiento, entre el futuro y el pasado reciente. A nivel de acciones hubo un volcamiento hacia la calle, hacia la conversación digital y hacia la movilización del voto y los resultados son históricos; Lula consigue el tetracampeonato, es el presidente más votado de la historia, reduce la abstención y es el único que habiendo llegado segundo en la primera ronda, la da vuelta en la segunda. Rompe todos los récords.
¿Qué rol le atribuyes a lo que se conoce como el “ejército de Lula” y a la acción del equipo liderado por el diputado André Janones en el triunfo de Lula?
Central. Fue clave para la ciudadanización de la que te hablaba porque el canal de WhatsApp de casi 11 millones de personas no solo servía para quebrar el algoritmo de las redes sino para dar instrucciones muy precias: compra una polera de lula y anda al trabajo con ella, conversa con tus vecinos, pregunta a los mayores si necesitan ayuda para ir a votar. Esas acciones concretas produjeron involucramiento personal y colectivo de gente común que no es militante, que son ciudadanos y ciudadanos que se sintieron corresponsables del resultado, corresponsables de la victoria.
¿Le ves algún destino al intento de Bolsonaro de anular las elecciones?
Muy poco, creo que es más una jugada político-comunicacional que un caso jurídico-institucional. Es una maniobra bien desesperada del clan Bolsonaro y sobre todo de Flavio para tratar de distraer del propio fracaso. Su nombre está ahí puesto por su padre y la única misión que tenía era ganar para amnistiarlo. Hoy su padre, Jair, seguirá en prisión domiciliaria por al menos 4 años más; su hermano, Eduardo, no regresará de Estados Unidos para no enfrentar la prisión en Brasil; y él pasará a un segundo plano. Con todo, no es el fin del clan: su madrastra, Michelle, con la cual no se lleva bien, y su otro hermano Carlos estarán en el senado, y un tío y el hermano menor, Jair Renan, entran a la cámara de diputados. Quedan “bolsonaros” para un buen tiempo. Sin embargo, ratifican con esto su desprecio a la democracia y su prontuario autoritario.
¿Cómo queda América Latina después del triunfo de Lula?
Creo que aliviada, porque Brasil no tiene problemas en relacionarse pragmáticamente con los países de la región con los cuales su gobierno no comparte ideología y el alineamiento total con la doctrina Donroe hubiera sido nefasto si ganan los Bolsonaro. En cambio, un Brasil fuera del eje Trump y particularmente fuera del Escudo de las Américas puede servir, junto con México, de puertos seguros para los demás países de la región. En especial para aliados históricos como Chile. Pero, también es complejo, sobre todo para las fuerza democráticas y progresistas porque hay algo en Lula, en su historia, y no solo en la estrategia, que no se puede replicar ni imitar. El dirigente obrero metalúrgico que llegó a la periferia de Sao Paulo desde el nordeste, que trabajó de niño, que perdió un dedo en un accidente laboral y que llega por cuarta vez a la Presidencia del país más grande de la región no es algo que surja todos los días; el liderazgo de Lula es bastante único.
¿Te pareció acertado el rápido reconocimiento de Kast del triunfo de Lula?
Sí, creo que no había ninguna razón para no hacerlo, la elección se ganó limpiamente y sería un error enredar la relación con nuestro principal socio comercial en la región, el tercero en el mundo, y con quien compartimos, en gran medida, un destino común. Afortunadamente, la cancillería de Chile fue escuchada y Kast no se involucró en el pleito que están intentando montar los Bolsonaro para hacer menos indigna su estrepitosa derrota.
