No es poco común que, en discusiones y reuniones en los círculos de la nueva izquierda, las discusiones en torno a ciertas tesis se alarguen por años y se formen escuelas que respalden una u otra. Esto es del todo común en el debate de las ideas. Pero, tristemente, hemos visto que, a veces, lo que se discute no llegan a ser tesis sino consignas que carecen de un desarrollo ideológico-práctico real. Así, es muy probable que el lector de este escrito haya escuchado, en redes sociales o en persona, las siguientes 2 frases: “La izquierda (progresista) abandonó a los trabajadores y debe volver a ellos” y “Tenemos que volver a hacer política desde los territorios”. En esta columna nos ocuparemos de derribar la primera de estas consignas.
Para poder desarmar esta frase debemos primero revisar los hechos y hacernos la siguiente pregunta: ¿la nueva izquierda ha abandonado a los trabajadores en sus programas, políticas públicas y discursos? La respuesta es un rotundo y absoluto no.
Podríamos partir por referirnos al gobierno que hizo grandes avances en materia laboral, entre ellos el emblemático aumento del salario mínimo, que ha sido el mayor aumento en las últimas décadas y la reducción de la jornada laboral de 45 a 40 horas. A esto se le suman otros importantes avances como son la ley Karin, la ley que crea el sistema nacional de cuidados y reconoce el trabajo de las y los cuidadores, la nueva ley de pesca, entre otros. Quedan algunos proyectos pendientes pero que, al menos, fueron ya presentados por el gobierno, como la ley de negociación colectiva ramal y el fin al tope que tiene la indemnización por años de servicio.
En cuanto a lo programático, el programa de primarias de Gonzalo Winter muestra claramente un compromiso con el mundo laboral. El programa prometía empoderar a los sindicatos y los convenios colectivos junto con llegar a un salario mínimo de 730.000, que se acerca mucho a la cifra de un salario vital. A todo esto, debemos sumarle una promesa por desarrollo industrial y tecnológico que hubiera cambiado la matriz productiva del país y que prometía generar más y mejores empleos en base a darle valor agregado a nuestras materias primas.
Por su parte, la bancada de parlamentarios del Frente Amplio ha acompañado los proyectos de ley del gobierno, y cuando ha tenido que escoger entre el gobierno y los trabajadores eligió a los trabajadores. Es notorio en este sentido el ejemplo de la ley de pesca donde se vio a parlamentarios de la quinta región acompañando protestas en contra del gobierno en búsqueda de mejores cuotas para los pescadores artesanales en la ley de pesca. Sumémosle a esto el proyecto de ley presentado en la comisión del trabajo por la bancada del Frente Amplio que obliga a las grandes empresas a incluir a representantes de los trabajadores con derecho a voz y voto en los directorios. Este proyecto ley (que tristemente ha pasado desapercibido) fue presentado a mediados de 2025.
Aun más, el partido Frente Amplio y su estructura han hecho un esfuerzo por ingresar al mundo sindical. No es ningún secreto que los orígenes del Frente Amplio están atados al mundo de la organización estudiantil de pobladores y profesionales, pero no tuvo una llegada inicial al mundo de las organizaciones laborales. Esto no ha detenido al partido de cada vez aventurarse más en este mundo. El año pasado por primera vez y gracias a grandes esfuerzos del Frente de Trabajadores y la directiva nacional el Frente Amplio se lanzaron candidaturas a las elecciones internas de la ANEF y la CUT. Esto marca un gran hito en la historia del partido y deja clara la dirección e intención partidaria en cuanto al mundo sindical y gremial. Hay claramente una deuda pendiente con este mundo y si la afirmación fuera que ha habido un abandono del mundo sindical, en vez de del trabajador, esta tendría más asidero. Pero veremos más adelante que este alejamiento se debe también a problemas sistémicos.
Pero entonces ¿de dónde nace esta idea del abandono del trabajador? Podríamos apuntar a varios factores que podrían dar esta impresión. Quizá uno de los más repetidos es la idea de que los ricos votan a la izquierda y la gente pobre vota a la derecha. Esta afirmación, por sí sola es falsa, los ricos votan abrumadoramente a la derecha, pero si es cierto que la derecha en las comunas más pobres del país (que tienden a ser rurales y están ubicadas en regiones como la Araucanía) nos supera. En cuanto a comunas urbanas populares (donde clásicamente se ubica el trabajador proletario) hay un poco de todo y dependerá de la región, pero la izquierda en general tiene buen rendimiento (1).
Hay además otra idea que ha hecho popular esta afirmación (“la izquierda abandonó a los trabajadores”) y es la idea de que la izquierda adoptó causas identitarias y esta adopción desplazo al socialismo y las “necesidades reales” de las personas. Esto es, por supuesto, absurdo. Como hemos mencionado anteriormente no se ve ese abandono ni a nivel estatal, ni parlamentario o partidario. La lucha por el feminismo, el ecologismo, la democracia y los derechos de las minorías representan problemas y una opresión real, que tiene expresiones materiales claras y que significan problemas reales para más de la mitad de la población (2).
Es también necesario descartar la idea de que la implementación del socialismo significa de por sí terminar con toda opresión y, por ende, toda otra lucha debería subordinarse a la consecución de este. Para esto nos sirve de ejemplo lo que ocurrió en las sociedades de la esfera soviética. Estos hicieron grandes avances contra el racismo y el machismo con grandes campañas antiracistas, y siendo de los primeros países en legalizar el aborto gratuito, el divorcio y la igualdad salarial en 1920. Pero no podríamos afirmar con honestidad que se eliminó el machismo en estas sociedades o que dejaron de ser sociedades patriarcales. La representación política de las mujeres en estas sociedades y el acceso a posiciones de poder político real estuvo siempre al debe en estas sociedades. En cuanto a los derechos de las minorías sexuales, las relaciones homosexuales solo fueron despenalizadas entre 1922-1934 para después volver a ser prohibidas hasta el fin de la Unión Soviética.
Así, estas luchas no son una cuestión ni secundaria ni contradictoria respecto del socialismo, son complementarias y necesarias, representando una opresión real que tiene efectos materiales para una mayoría de la población. Es del todo necesario incorporar estas luchas en pie de igualdad con la emancipación de los trabajadores para así poder llegar al objetivo final de eliminar toda forma de opresión. No puede existir hoy en día un socialismo que no sea progresista, pues estaría renunciando a una de las cualidades más importantes del proyecto socialista, la dignidad humana y la igualdad entre todas las personas.
Pero entonces ¿existe un problema entre la izquierda y los trabajadores hoy en día? Sí, definitivamente. Lo anteriormente mencionado no quita que la izquierda sí tiene un problema real con el trabajo, pero no se trata como vimos de un abandono político. Mas bien el problema es que a raíz de grandes cambios implementados a partir de la dictadura dejamos de entender cómo funciona el trabajo en el sistema neoliberal.
Quizá quien mejor resumió este problema fue el diputado Gonzalo Winter, en el documento “Críticas, autocríticas, mitos y peligros”, escrito luego de la derrota de la izquierda y el progresismo en la última elección presidencial:
“La clase trabajadora mutó, y se omiten fenómenos como la estructura informal del trabajo, los cientos de miles de personas que trabajan vinculadas a aplicaciones de millonarios tecnológicos, lo que significan nuevos trabajadores migrantes, o el hecho de solamente el 19,9% de los trabajadores están afiliados a un sindicato, que en las micro y pequeñas empresas solamente el 1,3% tiene sindicato, y que, en el país, solamente el 3,9% de las empresas tienen un sindicato. Los individuos ya no vinculan su identidad exclusivamente con la posición que ocupan en su relación con el trabajo, que es cada vez más informal, precario e itinerante”.
Las condiciones laborales han cambiado de manera radical en comparación a los tiempos predictadura. Uno de los factores que podemos destacar y que es mencionado por el diputado es la flexibilidad por sobre la estabilidad laboral. Ahora los empleos y sobre todo los empleos de la gente joven son de corta duración. Esto trae inestabilidad e incertidumbre financiera y hace imposible que las personas se organicen en sus lugares de trabajo. Según la Dirección del Trabajo, un empleo dura en promedio 2.6 a 3.4 años solamente; esto contrasta muy fuertemente con los empleos durante el siglo XX, que tenían duraciones mucho más largas en un mismo espacio, lo que facilitaba que los trabajadores se organizaran en sindicatos.
A esto podemos sumarle una idea fundamental, presentada por Simón Ramírez en el libro Ideas de frente (2025): el neoliberalismo emprendió una guerra contra la clase proletaria apuntando a destruirla y desproletarizarla (3). Esto, dice Ramírez, fue hecho despojando a los trabajadores de toda ayuda, tanto comunitaria como social, y haciendo que la propiedad individual sea la única vía de ingreso y la meta de la sociedad neoliberal. La propiedad se constituye como el mínimo que posibilita la vida en un mercado laboral inestable, una seguridad social carente y la privatización de servicios básicos (4). Esto termina por generar una alienacion total del trabajador de su calidad de tal. Así, no es del todo extraño que mucha gente crea ser de clase media, cuando en realidad es, junto con la gigantesca mayoría del país, clase trabajadora. De esta manera, el objetivo del trabajador deja de ser terminar con el abuso de la clase trabajadora, reconociéndose a sí mismo como parte de esa clase, y pasa a ser salvarse solo mediante la acumulación y la propiedad.
El problema no es que la izquierda abandonara o reemplazara la lucha de los trabajadores por otras luchas, es más bien que dejó de entender cómo funciona el trabajo en el neoliberalismo y sobre todo el trabajo informal y el rol que juega el “espíritu emprendedor”. Sus propuestas, discursos y acciones siguen dirigidas hacia el trabajo formal y tradicional, y un debilitado mundo sindical. Existe una maquinaria del sistema neoliberal que está diseñada precisamente para alienar a las personas de su condición de trabajadores. La solución no es entonces la que exponen los “socialistas conservadores” de abandonar las banderas del progresismo para repetir los discursos y tácticas del siglo XX. La solución se encuentra en comprender a cabalidad las relaciones sociales del trabajo en el neoliberalismo e innovar en nuestras propuestas y discursos, tácticas y organizaciones. Es necesario adaptar las organizaciones sindicales a los nuevos tiempos y despertar una nueva conciencia de clase dentro de los trabajadores a partir de un análisis y diagnóstico social actualizado que comprenda a cabalidad el carácter interseccional de las luchas actuales entendiéndolas todas en un pie de igualdad. El futuro debe ser socialista pero también ecologista, feminista y democrático.
Notas
(1) Podríamos dar múltiples de ejemplos de comunas de buen y mal rendimiento. Para buenos rendimientos es cosa de ver Maipú, La Granja, Estacion Central, Coquimbo, Valparaíso, San Miguel, PAC, Lo Espejo etc. En cuanto a mal rendimiento en zonas urbanas podríamos nombrar; Talcahuano, Penco, Tome, Talca, Alto Hospicio, Temuco entre otros.
(2) Podríamos estar aquí todo el día enumerando las expresiones materiales de un sistema opresor como es el machismo o en un sentido más amplio y preciso, el patriarcado. Entre ellas podemos hablar de la aplicación forzosa de roles de género que fuerzan a las mujeres a quedarse en la casa cuidando a los hijos comprometiendo así su desarrollo personal, disparidad de salarios, discriminación en el lugar del trabajo, exclusión de espacios como la política, entre otros. En cuanto al ecologismo, es muy simple: si no frenamos el calentamiento global estaremos frente a una sexta extinción masiva. En cuanto a las minorías sexuales y raciales, menores salarios, discriminación y prohibición de desarrollo del estilo de vida son experiencias comunes.
(3) Ramírez, Simón. Ideas de frente, FCE, 2025, página 107.
(4) Ramírez, Simón. Ideas de frente, FCE, 2025, páginas 108-109.
*Pelayo Vial González es militante del Frente Estudiantil y encargado político del Comunal Oriente del Frente Amplio.