Han pasado tres semanas desde que la oposición de cuatro partidos logró 176 mandatos contra los 173 mandatos de la coalición de derecha que ha gobernado Suecia los últimos cuatro años.
El ambiente electoral de pocas semanas de campaña activa tuvo como contexto mayor la guerra de Rusia contra Ucrania, conflicto que determinó el definitivo y pleno ingreso de Suecia en la OTAN, abandonando la posición neutral de más de un siglo, muy presente en las décadas de la guerra fría. Sin embargo, la alianza militar no fue un tema de debate, solamente leves referencias a la paz y la convivencia europea y unanimidad en la necesidad de aumentar el gasto en defensa militar y civil. El conflicto del medio oriente, especialmente la invasión israelita a Gaza sí fue un tema presente en el debate, indirectamente vinculado a la discusión sobre la política migratoria que Suecia debe adoptar en el futuro, debate en el cual se transgredieron, por parte de los ultraderechistas Demócratas por Suecia, líneas racistas determinantes en la alta confluencia electoral de los sectores marginales habitados especialmente por extranjeros.
La victoria electoral de la oposición se explica por dos razones determinantes. Una alta votación en los principales centros urbanos; especialmente en los barrios donde habitan personas de bajos ingresos, en su mayoría extranjeros; del Partido de Izquierdas y el Partido del Medio Ambiente, que les permitió acercarse a la votación socialdemócrata. Otro factor fue la marcada preferencia opositora en la votación de las mujeres y de jóvenes de menos de 35 años.
Esta victoria, sin embargo, no garantiza la posibilidad de que el nuevo gobierno esté conducido por la socialdemócrata Magdalena Andersson. Los partidos que están dispuestos a darle sus votos de apoyo en el parlamento unicameral no están de acuerdo en quienes y cómo deben participar en su constitución y han establecido ciertas líneas rojas que no están dispuestos a transar.
El Partido de Izquierdas, «Vänsterpartiet», con el 8,4% del electorado, ha exigido durante toda la campaña electoral tener presencia ministerial, rompiendo la tendencia histórica de apoyar los gobiernos socialdemócratas sin ser parte del gobierno. En estas semanas de negociaciones han insistido en su demanda.
El Partido de Centro, «Centerpartiet», antiguo partido agrario, que en la década de los 70 y 80 tuvo la conducción política de la derecha sueca, al disminuir su caudal electoral, siguió apoyando los gobiernos de ese sector, pero decidió abandonar esa alianza por no estar de acuerdo con el ingreso del Partido Demócratas por Suecia «Sverigesdemokraterna», la extrema derecha sueca, a la coalición que gobernó los últimos años. El «Centerpartiet», que en la elección de 2022 obtuvo el 21%, este año bajó al 17,5% y ahora se opone a que el Partido de Izquierdas, «Vänsterpartiet», sea parte del gobierno.
El cuarto partido en la pasada oposición ha sido el Partido del Medio Ambiente «Miljöparti» que obtuvo el 6,1%, con un pequeño incremento respecto de la eleccion pasada.
La votación de la Socialdemocracia ha disminuido paulatinamente desde los altos índices, cercanos al 50% de las votaciones, de la década de los 60 y 70. Ha sido una caída permanente. En la pasada elección obtuvieron el 28% de los votos, su votación más baja desde su fundación. Continúan siendo el partido más votado, perdiendo electorado en sectores de trabajadores sindicalizados, quienes ahora votan por la extrema derecha.
La coalición de derecha, por su parte, con sus cuatro partidos, está a la expectativa para intentar formar gobierno. En ella están los liberales con un 5,3% de votos, alcanzados gracias a votantes del partido Moderaterna. También está el Partido Demócrata Cristiano, que con un 6.1% es parte del trio de partidos que gobernó los últimos cuatro años con el apoyo de la ultraderecha agrupada en Demócratas por Suecia, quienes entonces aceptaron no tener cargos ministeriales, pero que explícitamente han señalado que una nueva coalición de derecha debe contar con su presencia ministerial. Es la línea roja existente entre los partidos de derecha.
De no lograrse la formación de gobierno después de 4 votaciones parlamentarias, el presidente del Parlamento deberá llamar a nuevas elecciones parlamentarias.
Existe consenso entre los analistas de que la posibilidad de una nueva elección no es conveniente para la coalición mayoritaria, dado que la amplia ventaja que obtenían en las encuestas previas a los primeros meses de campaña, se fue reduciendo hasta llegar al estrecho resultado final. La insistencia de las líneas rojas o su eventual morigeramiento se entiende como la piedra de tope de las actuales conversaciones. Está por verse sí las fronteras internas levantadas respecto de sus posibles aliados están dispuestas a ser transables.
En el debate electoral ninguno de los partidos ha puesto en duda la eficacia del estado de bienestar. Las diferencias han estado en el modo de administracion para continuar su desarrollo.
Desde el Partido de Izquierda y el Partido del Medio Ambiente se busca un retorno a los principios originarios del modelo. La socialdemocracia, responsable del viraje hacia la derecha, asumido con más profundidad en las alternancias con suscesivos gobiernos de derecha, aparece intentando difusamente recuperar el control del modelo. La derecha tradicional está consciente de los límites de la transgresión del modelo vigente, por supuesto creyendo que la acción de la empresa privada siempre es más eficaz que la del Estado. Finalmente, la extrema derecha acusa a la social democracia de abandonar el estado de bienestar que los suecos construyeron durante décadas, permitiendo el ingreso de los infieles islámicos y otras variantes de la migración, provocando la imaginada bancarrota del sistema.
En ese marco, el futuro escandinavo, incluyendo aquí a Noruega, Finlandia, Dinamarca e Islandia, estará marcado por esta disputa interpretativa y de ejecución gubernamental, sin que se avizoren grandes cambios estructurales en la aplicación concreta del estado de bienestar.
Seguirán las discusiones sobre el modelo impositivo, las alternativas o eliminación de la injerencia privada en los derechos sociales, la necesidad del desarrollo sustentable, incluyendo la renovación o eliminación de la energía nuclear y el cumplimiento de las metas del acuerdo de París sobre la reducción de las emisiones de gases, la presencia y función de la migración y su variante vinculada a los derechos humanos.
Se mantendrán inalterables la participación de Suecia en la OTAN, si bien hay un rechazo matizado a las posiciones extremas del gobierno estadounidense y en la Comunidad Europea, y sus obvios efectos espejos en las diversas variables europeas respecto del tratamiento del Estado de Bienestar.
Posiblemente la disputa estratégica de mayor importancia será el tratamiento respecto del creciente rol político que están teniendo las expresiones nacionales de extrema derecha, sus alianzas o el combate al aumento de su influencia.
Tendremos indicios de estas variables cuando conozcamos «La Declaración de Gobierno», o sea los términos del acuerdo que permita a la coalición gobernante hacer uso de la mayoría parlamentaria durante los próximos cuatro años.
