Dice Simone Weil que Marx explica de forma admirable el mecanismo de la opresión capitalista, tan bien, agrega, que cuesta imaginar cómo podría dejar de funcionar dicho mecanismo. Y entonces pienso y luego anoto, al margen, que quizás hay que ser spinozista, y que Marx lo es, a sabiendas o no, porque, si seguimos a Spinoza, de lo que se trata, sea en los asuntos naturales o en los humanos, que también son naturales, claro, es de comprender para ser libres, o en otras palabras, se trata de encontrarle la vuelta a un orden, a las leyes que nos rigen para, con esa conciencia, elegir lo que nos conviene o no, y, por qué no, para tener un margen de juego, como esos vendedores de helados que, sin dejar de estar sometidos a la gravedad y la inercia, las comprenden de tal modo que pueden lanzarse de la micro aún en marcha y, en vez de arrastrar su humanidad por el suelo, corren, trotan, caminan y finalmente se detienen con toda seguridad, siempre verticales.
La ventaja que tenemos frente al heladero es que, si bien es fuerza, el capitalismo no es ley de la naturaleza, y entonces podemos aspirar a algo más que lanzarnos de la micro y caer parados, aunque eso ya sería harto.
Dicho lo anterior, de ahora en más, me doy cuenta, deberé atender siempre a los epígrafes de un libro. Me explico: lo que Weil dice de Marx lo leí en su ensayo Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social, uno de cuyos epígrafes, que obvié y del que solo me enteré porque alguien más lo citó en voz alta en un grupo de lectura en el que estoy, son palabras de Spinoza que dicen: «En lo que se refiere a los asuntos humanos, no reír, no llorar, no indignarse, sino comprender». Así es que mi genial nota al margen es una obviedad.
El otro epígrafe es de Marco Aurelio: «El ser dotado de razón puede convertir cualquier obstáculo en materia de su trabajo y sacarle partido». Lo que me hace pensar, primero, y de nuevo, en el heladero, que hace del obstáculo de la gravedad y la inercia algo a su favor, que resiste y hasta se rebela y revela por comprensión; segundo, que Weil quizás es estoica, porque lo de Spinoza es harto estoico (reprimir las emociones y limitarse a comprender) y porque, por supuesto, Marco Aurelio fue estoico; y, tercero, que con todo lo de resignación que puede haber en el estoicismo (solo podemos comprender lo que nos domina y en virtud de eso saber lo que podemos y lo que no podemos), igual hay un margen de cambio o transformación del mundo, por eso de comprender para trabajar y para sacarle partido a lo comprendido, que es como decir: interpretemos el mundo para transformarlo, o porque podemos interpretarlo podemos cambiarlo, por lo menos el mundo de los asuntos humanos, y que, quizás, es lo que quería decir Marx en su famosa tesis sobre Feuerbach, lo que nos lleva de vuelta al comienzo de este texto: que tal vez hay que ser spinozista y que Marx, también tal vez, lo es, a sabiendas o no, y capaz que hasta sea un poquito estoico, o al menos marcoaureliano. O puede que sea más justo decir que todos podemos y entonces debemos ser heladeros, saltar de la micro y no caernos, o sea, a la vez ligeros y firmes, aunque no sé muy bien qué significa eso en el terreno de la política y la sociedad, ¿quizás ser anticapitalistas en el sentido en el que podríamos decir que el heladero es antigravitacionalista y antinercista, porque, conociendo esas fuerzas, les pone límites y hasta las usa a su favor y así es más o menos libre?
Ahora, siempre el ser “anti” algo puede ser objeto de esa crítica que califica la posición de alguien como mera negatividad, y nadie vive en negativo, por supuesto, pero entonces justamente ahí está la respuesta a la crítica, resistirse a algo, comprenderlo para limitarlo y hasta anularlo (eso es lo que hace el heladero cuando contrarresta las fuerzas que deberían botarlo al suelo), lograr eso, digo, es de hecho hacer algo, es propuesta, es positividad; y por lo demás, quizás no es tanto lo anticapitalistas que somos, o que deberíamos ser, como lo antisocial que es el capitalismo, y entonces, pregunto, cómo no ser socialistas, incluso dentro del capitalismo, socialistas-heladistas, como en ese meme en el que un tipo le dice a otro que el socialismo nunca ha funcionado, y el segundo le contesta que no es cierto, que, por ejemplo, funciona en Noruega, a lo que el primero responde que Noruega no es socialista, sino capitalista con fuertes políticas de bienestar, pues entonces implementemos esas políticas, le propone el segundo, ya molesto: ¡No, eso es socialismo!, le grita el primero.
Eso que es un meme, o sea, una idea, imagen o texto que se replica y replica, un gen cultural, es un poco y en realidad un poco mucho lo que nos pasan diciendo en Chile: que todo es comunismo, o socialismo, y si es así, si eso dicen, pues entonces que lo sea, eso deberíamos decir e intentar hacer.
*Juan Rodríguez Medina es periodista y ensayista.