Un aspecto central en la conformación de las generaciones son las vivencias de juventud. El mundo que el sujeto joven internaliza no tiene el mismo peso en la estructuración de su conciencia social que las experiencias posteriores. Estas últimas siempre se seguirán enfrentando, una y otra vez, dialécticamente, con las vivencias de juventud que quedan como una huella indeleble a partir de la cual el sujeto irá haciendo su camino, entendiéndose a sí mismo y a los sentidos colectivos a los que irá adscribiendo.
La persona puede cambiar, rechazar incluso elementos de aquellas impresiones de juventud, pero esos años, esas intensas vivencias, ese camino recorrido, seguirán siendo una referencia central en su vida, en sus tránsitos y en sus decisiones cruciales. En Camilo Escalona este aspecto de lo generacional pareciera tener un ejemplo modélico. No podemos entender su trayectoria sin dejar de observar a ese adolescente allendista de los años de la Unidad Popular.
El Camilo Escalona de 1972 era dirigente estudiantil secundario del Liceo 6 de San Miguel y aparecía en la prensa liderando a la izquierda en la disputa por la Federación de Estudiantes Secundarios FESES. Para el golpe de 1973 tenía 18 años y era suficientemente conocido como para que los organismos represivos lo llamaran a presentarse para ser detenido. El adolescente dirigente entró a la clandestinidad y salió al exilio. Varios de sus amigos de la JS, mayores que él, se sumaron a una dirección interior que fue diezmada por el terrorismo de Estado. Camilo dirigió la Juventud Socialista en el exterior, estuvo en el Pleno Socialista de la Habana en 1975 cuando todavía no cumplía 20 años, y se mantuvo en la primera línea de la política de la diáspora socialista hasta que en el verano de 1982 regresó clandestino a Chile. Cuando en 1983 masas de pobladores salieron a protestar a las calles contra la dictadura, Escalona estaba en territorio nacional dirigiendo la política de resistencia del Partido Socialista. Tenía 28 años y ya era un adulto curtido en mil batallas.
Por aquellos años, el Partido Socialista que Escalona quería defender contrastaba fuertemente con aquel PS que conoció en su adolescencia. De alguna manera, su motor en la vida fue luchar contra esa versión del PS que, mientras el presidente Allende intentaba resolver la crisis políticamente, tuvo sectores importantes que proponían, por ejemplo, salirse del gobierno por considerarlo reformista. Por lo mismo, para Escalona, decir “ultra” era el peor insulto político que podía emitir, significaba pensar la política imponiendo la voluntad por sobre la realidad. Pensar que, por el solo hecho de desearlo y tener voluntad, las cosas podían cambiar.
De ahí que siempre se sintió cercano a Clodomiro Almeyda, líder que había representado el sector más alineado y disciplinado con las consideraciones allendistas de la vía chilena al socialismo y, por cierto, también con Carlos Lorca, quien en 1974 anunciaba tempranamente, junto con la Dirección Interior del PS, que la resistencia a la dictadura debía enfocarse en la lucha por la recuperación de la democracia mediante un amplio frente opositor. Cuando en 1979, durante la ruptura del partido, tuvo que optar entre seguir a Almeyda y a Altamirano, no lo pensó dos veces y se fue con Almeyda, aunque consideró que la división era negativa, innecesaria y evitable.
Llegada la transición, sus posiciones quedaron en el ala izquierda del partido. Se negaba a resignarse ante las condicionantes políticas de una democracia con enclaves autoritarios y rechazaba acomodarse a las lógicas neoliberales impuestas a sangre y fuego. No fue un opositor a la renovación socialista, pero advirtió contra lo que llamó “la ultra renovación”, rechazando la posibilidad de aceptar el predominio de las lógicas de mercado y de desentenderse de los contenidos socialistas de justicia social.
Aunque nunca fue autocomplaciente respecto a los gobiernos de los 90 y 2000, valoró la Concertación y la defendió de cuanto díscolo hubo o creyó encontrar. Durante el gobierno de Gabriel Boric, recogió el llamado del presidente a construir puentes entre generaciones y fue un socialista que aceptó rápidamente el imperativo de colaborar con un gobierno progresista encabezado por jóvenes que habían sido críticos de su generación política. En eso no se perdió en ningún minuto. De algún modo, su orientación básica siguió siendo la lealtad, el compromiso colectivo y la mantención del lugar. Estar plenamente con el gobierno del que se era parte, fue una cuestión de la que nunca dudó. Aunque tampoco dudo de la crítica ruda y descarnada.
El año 2023, durante el lanzamiento de un libro con artículos referidos a la historia del Partido Socialista durante la dictadura, Escalona intervino y nos mandó a todos los historiadores y cientistas sociales a leer la intervención de Allende en el pleno de Algarrobo de 1972, contexto donde el presidente respondió duramente a la dirección socialista encabezada por Carlos Altamirano y Adonis Sepúlveda. Esta última había sostenido, en su informe, que la institucionalidad chilena no servía para transitar al socialismo, que había que superarla. Allende contestó que se debía valorar la institucionalidad chilena como fruto de las luchas de los trabajadores:
“Los militantes del Partido Socialista deben ser conscientes de que, contrariamente a lo que el Informe Político sostiene, el camino más corto hacia las transformaciones cualitativas del sistema político actual no pasa forzosamente por la quiebra y la destrucción de la constitucionalidad vigente. Este es un profundo error. El régimen institucional reposa sobre la voluntad política libremente expresada de los ciudadanos chilenos”.
Para Escalona, esas palabras y el drama de ese contexto, definirían su comprensión de una política de orientación popular, donde voluntad y responsabilidad política se debían equilibrar en consideración de la realidad.
De este modo, Camilo Escalona vivió toda su trayectoria política marcado por las vivencias de aquel joven sanmiguelino que el día del golpe, esperando resistir, se reunió con Carlos Lorca en la Escuela de Artes Gráficas. Desde ese día, siempre, en cada coyuntura, las figuras de Lorca y Allende fueron su inspiración para asumir las dificultades y los desafíos de la política.
Descanse hoy el Camilo Escalona de 71 años. Descanse el muchacho de 18. Descanse el hombre que en tiempos duros se jugó la vida por la justicia social y la democracia.
*Víctor Muñoz Tamayo es historiador.
*Carlos Durán Migliardi es sociólogo.
