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Portal Socialista > Contenido > Política > Cambiar el mundo > Pablo Salvat / Notas preliminares para un programa y una acción política transformadora
Cambiar el mundoDestacadosPolítica

Pablo Salvat / Notas preliminares para un programa y una acción política transformadora

31 julio 2026
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23 Min de Lectura
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Hacer hablar al sufrimiento es la condición de toda verdad.

T. Adorno

La razón no puede florecer sin esperanza ni la esperanza expresarse sin razón.

E. Bloch

La máxima libertad individual puede ser compatible con la máxima impotencia colectiva.

Z. Bauman

  1. Del contexto actual y del diagnóstico de la propuesta
    1. Hace ya un buen tiempo, tanto a escala mundial como en nuestro país, las modificaciones sociopolíticas, culturales, económicas, y especialmente tecnológicas, nos están demandando redoblar esfuerzos comprensivos, dentro y fuera de lo institucional, para repensar y formar en la trama de lo ético-político, una ciudadanía efectiva desde el ejercicio de su poder ético-racional y sus espacios de expresión, de tal forma que se desarrollen mejores capacidades para abordar, de manera integral, los problemas de nuestras sociedades.
    2. Plantearse esta tarea no es mero voluntarismo. Refleja la conciencia creciente, a nivel mundial y transversal, de que no estamos frente a una crisis más. Las sociedades viven en movimiento y, por ende, están siempre abordando, de una manera u otra, conflictos de diversa naturaleza. Sin embargo, hoy en día, los niveles que van alcanzando las distintas crisis en juego, parecen ser de una cualidad distinta. Por eso se habla, cada vez más, de que enfrentamos una crisis multidimensional y multiforme, la cual afecta los cuatro subsistemas: el económico, el político, el cultural y el medioambiental. De allí su importancia y resonancia. Por eso, también, se dice que representa un cuestionamiento del patrón civilizatorio prevaleciente hasta ahora en esta parte de la geografía mundial.
    3. Ahora bien, desde hace un tiempo examinamos las morales concretas, las prácticas sociopolíticas y jurídicas, las instituciones, la economía y los sucesos mundiales, desde un ángulo particular que no por particular deja de tener pretensiones de universabilidad. Y este ángulo tiene que ver con que los datos de realidad y diversos diagnósticos que hace ya buen tiempo nos muestran que estamos frente a lo que algunos nombran como una policrisis.
    4. Esta policrisis tendría al menos las siguientes caras o rasgos:
  • Una crisis medioambiental basada en cambio climático de origen antropogénico;
  • Una crisis energética que se muestra en los actuales patrones de consumo que se hacen insostenibles, entre otras cosas, debido al agotamiento de los combustibles fósiles;
  • Una crisis alimentaria que se expresa en carestías y enormes hambrunas; en los problemas del agroalimentario sea por el tipo de explotación de la tierra, sea por la contaminación de cultivos, sea por la existencia de grandes corporaciones que monopolizan para sí importantes semillas para la vida humana;
  • Una crisis migratoria que se puede ver en el éxodo de al menos 200 millones de personas viviendo fuera de su país natal, y la grave cuestión del trato que reciben indocumentados y transfonterizos por parte de estados y autoridades;
  • Una crisis del modelo de desarrollo que se evidencia en la caída del sistema finananciero globalizado mediante la financiarizacion de la economía real (cada vez de menor tamaño) y los cuellos de botella del actual modelo de crecimiento implantado hace unos 40 años;
  • Una crisis de lo social manifestada en la fragmentación que sufren las sociedades y sus dificultades de interacción, con la pérdida de la vigencia de derechos sociales garantizados desde el mismo Estado;
  • Lo distintivo de una crisis global es que termina afectando el régimen de racionalidad y de vida, desde lo estructural hasta lo subjetivo. Por eso, de esta policrisis no escapa ningún territorio del existir humano y de sus conexiones con la naturaleza. Hoy, además, habría que agregar las diversas guerras en curso, las cuales pueden conducirnos o encaminarnos en cualquier momento hacia el Apocalipsis. Como es sabido, el Bulletin of Atomic Scientist produce, desde 1947, el llamado Reloj del Apocalipsis, el cual nos señala el tiempo que nos queda antes de la medianoche después de la cual no habrá día después. Su último informe señalaba que estamos a 90 segundos de la medianoche.

II Desafíos en búsqueda de un nuevo fundamento

  1. Como vemos, de esta policrisis no escapa ningún territorio del existir humano, ni el subsistema económico, ni el político-jurídico, ni el sociocultural. Por ello, hablamos siempre de la urgente necesidad de replantear las articulaciones entre ética, sociedad y política, y de otear los caminos hacia una racionalidad otra. Las conexiones entre ética, política y derechos humanos (DDHH) no se dan en el vacío. Hay que tener en cuenta las estructuras sociales, las instituciones, los hábitos, las valoraciones dominantes, la antropología política vigente en estos tiempos.
  2. Obviamente que la forma como se expresan esas crisis, con qué radicalidad o no en cada sociedad, son distintas. Pero, en tanto y cuanto el proceso de globalización, no solo en lo financiero-mercantil, sino también en lo tecnológico, ya está en marcha, sus efectos problemáticos no dejan de sentirse aquí y allá. La pregunta por la rearticulación entre Estado, sociedad civil, DDHH y bien común como tarea urgente, no puede hacerse de cualquier manera y bajo cualquier supuesto. Por eso afirmamos que estas cuestiones tienen que pasar por una comprensión crítica del devenir moderno de esas relaciones; por la refundación normativa del quehacer público-estatal y sociocivil; todo ello en vista y búsqueda de un nuevo imaginario que pueda tener al bien común, la vida, y los DDHH como su eje de orientación normativo primordial.
  3. ¿Son estas tareas de un partido o un movimiento político de avanzada? Claro que sí. ¿Implican dejar de lado otras tareas que cumple ya? No. Sin embargo, lo que se pueda entender por izquierda es algo que aquí se pone en juego. No en la propaganda que habla sin ton ni son de lo viejo y lo nuevo, como si eso, de por sí, diera carta de legitimidad. Pero, donde sí se pone en juego es en la capacidad que tengamos para comprender el momento presente y cómo, a partir de allí, ideamos chances de políticas transformadoras tomando en cuenta el contexto real (una comprensión transformadora y una transformación comprensiva). Nada de todo esto lo decide la mera adhesión a un corpus ideológico determinado. Pero, sí, ese corpus resulta importante y decidor en su enfoque de la realidad que nos rodea. Entonces, no es solo importante hacer eventuales balances de los corpus teoréticos, sino también del devenir, por ejemplo, de los socialismos históricos y qué tendríamos que aprender de ellos.
  4. No podemos dejar de tener en cuenta los basamentos ideológicos de los adversarios y de los aliados. Tenemos que estudiarlos y ver cómo actúan en la práctica. El trabajo formativo-político no es solo algo que remite al manejo de ciertos textos y contextos, sino algo que quizá tome más tiempo, pero que apunte a una profundización mayor. No es algo fácil. Lo sabemos. Las demandas de las coyunturas son muy exigentes, porque son aquellas que vienen de la vida cotidiana de las mayorías. Pero como dicen algunos representantes ideológicos de los adversarios, hoy los partidos no les dan importancia a las cuestiones de corte ideológico y, por eso, se van transformando en entidades que se ven vaciadas de contenidos, meramente instrumentales y muy distanciadas del ciudadano.
  5. En esto no podemos prescindir de las mediaciones necesarias. Entre los diagnósticos y las realidades hay siempre que mediar, para eso están el Estado, la sociedad civil, el lazo social, que no pueden atomizarse al extremo de generar una sociedad raquitizada, como en algún buen sentido lo es actualmente. Cuando nos saltamos las mediaciones estamos siempre más cerca de perdernos que de salvarnos, y eso pasa cuando se cree que basta el carisma de un ciudadano o ciudadana x,y,z, o el mero electoralismo, para salir delante de esta policrisis. Muchos no entienden aún que no saldremos adelante si no es con un aumento de consciencia, pero de manera mancomunada o colectiva si se quiere.

III Abrir senderos hacia un nuevo imaginario

  1. Por eso, a la vista del actual estado de cosas que atraviesa de manera transversal nuestras sociedades y buena parte de la humanidad la tarea de todos, desde el más grande al más pequeño es contribuir a la emergencia de un paradigma orientador del pensar, del accionar transformador, de tal calado y vocación, que pueda sobrepasar los cuellos de botella que el proceso de modernización en clave de racionalidad medio-fin va dejando hasta ahora en medio de todos nosotros, y la mayor parte de las veces, sin contar con nuestra participación, anuencia o consulta.
  2. Como ya es sabido y experienciado, pero no siempre concienciado, hoy tomamos conciencia de lainares para un programa y una acción política transformadora globalidad del globo terráqueo. Desde 1492 hasta la bomba sobre Hiroshima va aumentando la conciencia de una interdependencia entre todos y todas, y entre nosotros y las demás especies vivientes; por lo mismo, desde que adquirimos conciencia medioambiental pugnamos porque la tierra no sea tratada como mero objeto de transacción económica. Y, al mismo tiempo, hay reclamaciones desde el humano para no ser considerado nada más que como una fuerza de trabajo, hoy, además, desechable.
  3. Entonces desde el momento que nuestro propio accionar –lo que se da en llamar antropoceno- pone en juego el devenir de la vida de la especie y de la naturaleza, y del propio humano sobre la tierra, estamos en otro momento que nos pide despertar a una nueva conciencia; una nueva conciencia ético-política, que tenga en cuenta los no nacidos aún y la misma naturaleza.
  4. Para nosotros esa nueva conciencia tiene que encaminarse hacia una racionalidad sustantiva que pueda subordinar los criterios y derroteros de la racionalidad instrumental hoy dominante, de cálculo costo-beneficio. Es decir, luchar por reponer y resignificar valoraciones como bien común, derechos humanos, fraternidad, solidaridad, igualdad, de tal modo que el capital y la tecnociencia, y su modus operandi, tengan que encuadrarse y subordinarse a criterios de bien común y DDHH, y no sea, como hasta ahora, al revés.
  5. Ciertamente no será tarea fácil. Pero ya estamos en esa dirección cuando orientamos nuestras decisiones hacia estas temáticas. La contradicción principal de este devenir está dada por la confrontación entre interés de todos, interés general versus interés individual y/o particular. De modo tal que una de las tareas es ir más allá de los automatismos o mecanismos providenciales que pretenden que la colisión entre interés de todos e interés particular puede ser solucionada recurriendo a mecanismos, artificios, tecnologías impersonales y muchas veces amorales. Por ejemplo, hoy se vuelve a hablar de la “mano invisible”, como ya lo anunciaba Smith. La idea de la “mano invisible” o un mercado autorregulado que desde sí mismo puede regular el afrontamiento de intereses contrapuestos y generar equilibrios inestables. Entonces, esta nueva racionalidad a imaginar tiene que partir de esta tensión entre lo particular y lo general o de todos.
  6. ¿Por qué tendrían que pensarse así las cosas? Porque las racionalidades particulares, segmentadas, son siempre fragmentarias, parcializadas, y son incapaces de hacerse cargo de sus resultados para el conjunto en el cual laboran (sobran ejemplos: guerras, urbes saturadas, pobreza material y espiritual, narcotráfico, problemas del medio ambiente). ¿Se entiende? Una nueva racionalidad, a diferencia de aquella basada en el cálculo de costo-beneficio o racionalidad de los medios, tiene en consideración la totalidad del conjunto y se pregunta por los efectos que, para el conjunto de los ciudadanos, los no nacidos aun y la naturaleza, puede tener una política x, y o z desde lo local hasta lo global.
  7. La parcialidad del particularismo no puede trascenderse a sí misma, se queda en su metro cuadrado; cuando planteamos entonces una racionalidad sustantiva sostenida en una ética del bien común y los derechos humanos, lo hacemos pensando justamente en la pertinencia de colocar horizontes normativos universalizables para la acción y decisión humanas, sea a nivel individual, local, nacional o mundial. No se trata, cuidado, de eliminar la dimensión de cálculo que lleva en sí toda acción o decisión, desde lo individual a lo organizacional e institucional. Para nada. Se trata de considerar que el encuadre del proceso de modernidad-modernización bajo égida sobre todo capitalística y de tecnociencia, ha tendido a dejar en la penumbra los resultados para la vida, la vida de los humanes y la vida de la naturaleza viviente. Ha dejado en la penumbra el debate sobre las finalidades de la acción-decisión. Las finalidades últimas, como bien sostenía Weber, con el proceso de modernización, han migrado, sea a la intimidad de los sujetos o hacia el exterior de un mundo que se vivencia ya como irracional.
  8. La fragmentariedad nos lleva a situaciones irracionales, como las que vive la humanidad hoy, ese es el quid; en distintos planos, lo vemos: energético, alimentario, de trabajo, poblacional, migraciones, crimen organizado, entre otros flagelos. Para ir saliendo de esta confrontación de lo particular y lo general-de todos, no hay que pensar en su eliminación. El conflicto en las sociedades no puede eliminarse, ni en las relaciones intersubjetivas, ni en las relaciones entre grupos, sectores, clases o con la misma naturaleza. Una racionalidad otra tiene que abocarse a generar otra práctica social, cultural, espiritual, productiva, política, desde una delimitación común de lo que consideramos ética del bien común y los derechos humanos.
  9. Lo anterior pasa por reconocer las dimensiones de la catástrofe que nos amenaza hoy y, a partir de allí, indagar causas efectos, sentido y significado de la así llamada modernidad occidental. Por eso no podemos repetir, así como así, los modelos de modernidad occidentales existentes. Han probado tener grandes poderes en la tecnociencia y en la productividad, pero, al mismo tiempo, han probado su incapacidad para sostener una vida digna para todos, incluido el 1% que hoy domina en la escena global; así como también una vida digna para el conjunto de lo viviente ejemplificado en el planeta tierra.
  10. Si no ejercitamos esta suerte de imaginación utópica o normativa, estaremos en ruta hacia el abismo o el caos sistémico. Esto debería estar presente en el horizonte práctico y reflexivo de todos nosotros en el día a día; no esperemos a que esté todo ya consumado y consumido.
  11. Volvemos un momento hacia el Estado y la sociedad civil. Nos percatamos de los rasgos de la construcción moderna del Estado, o de la razón de Estado como le llaman algunos. Un Estado, el moderno, que se ve a sí mismo como separado del común, de la ciudadanía, de la sociedad civil y que se impone como eventual enemigo del ciudadano, porque conserva el poder de ordenar al conjunto y tiene para ello las instituciones del caso: policía, tribunales, entre otras.
  12. Aquí es donde emerge la importancia del bien común y los DDHH. Ambos valores-normativos tienen rasgos diferentes. Puede hablarse de una ética del bien común, y podemos ponerla como horizonte normativo para el accionar decisorio de políticas y planes. Pero, claro, no es llegar y hablar sobre el bien común. Es una noción que tiene rango de nobleza en el campo de la ética y la filosofía social, que va desde la reflexión autónoma hasta su incorporación en la doctrina social de la iglesia, y abarca un amplio abanico de posiciones. Y eso no deja de complicar las cosas. No podemos retratar aquí el devenir de esta milenaria noción. Creo que la podemos encontrar presente desde las religiones y pueblos autóctonos, con sus matices.
  13. Hoy necesitamos una ética del bien común, frente al precipicio al cual parecen estarnos conduciendo las elites mundiales y, creo, entre los ingredientes de este bien común, elaborado a partir de las necesidades históricas vigentes, tienen que estar los DDHH. Pero, a diferencia de otras épocas, no podemos a priori predeterminar el contenido del bien común para hoy. El punto de partida tiene que ser un diagnóstico adecuado del presente que vaya más allá de los hechos dados y, al mismo tiempo, teniendo en cuenta la situación, eleve a la condición de norma orientadora de la acción y la decisión un doble ideal: el de una sociedad en la cual quepan todos y una en la cual se proteja una vida digna para la humanidad y la naturaleza. Lo importante aquí sería poder generar un nuevo ethos, un modo de vida colectivo-comunitario que posibilite una vida digna en función del interés de todos.
  14. La óptica DDHH, reinterpretada desde una visión más holística e histórica, se aviene muy bien con el ideario del bien común. No es tarea fácil. La mirada de y sobre los derechos humanos ha estado marcada por una antropología individuocentrista e incluso, muchas veces, por la dominancia excluyente de los derechos humanos de primera generación, es decir aquellos afectos al individuo en cuanto tal, en desmedro de los otros derechos de un talante más social y comunitario.
  15. No lo olvidemos: la propia modernidad occidental y su basamento conflictivo de interés particular versus intereses de todos, ha sido el soporte de la emergencia de los derechos humanos. Pero, como dicen los estudiosos, no podemos olvidar que las demandas traducidas a lenguaje de derechos provienen, la mayor parte de las veces, de luchas sociohistóricas y no de dádivas de los poderes establecidos o de acuerdos de elites cupulares. Aquí es donde adquiere especial importancia la mediación por la sociedad civil y política autoorganizada en distintas expresiones. Desde este punto de vista, pueden distinguirse: derechos individuales y cívicos; derechos económicos sociales y culturales (con sus pactos internacionales que les dan operatividad jurídica); derechos, por así decir, del otro (étnicos y de género); derechos del medioambiente; derechos que provienen del cuerpo o bioéticos (genética, manipulación de cuerpos, plantas, animales, semillas). También tenemos en barbecho los derechos humanos frente a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC) y la ciudadanía digital.

Es, pues, desde las propias necesidades que emergen sociohistóricamente que se van desplegando los nuevos derechos y formando un frondoso árbol, unido todo por la valoración de principio de la vida humana y de la tierra, y de la consciencia de que, ambas, vida humana y planeta tierra, tienen dignidad, pero no precio.

*Pablo Salvat B. es doctor en Filosofía Política (Universidad Católica de Lovaina), y profesor y coordinador del Centro de Estudios de Ética Aplicada de la Universidad de Chile.

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