En tiempos como los que corren, con un gobierno fundamentalista que cuestiona abiertamente nuestra historia reciente y nos hace un llamado a dejar de lado los crímenes de la dictadura, se hace más importante que nunca ejercitar la memoria. Y las mujeres sí que tenemos memoria.
Porque no solo se trató de desaparición forzada, tortura y asesinatos. También fue la implantación de un sistema económico y valórico en que las más postergadas fuimos nosotras, las mujeres pobladoras, trabajadoras, estudiantes y dueñas de casa. Nos intentaron quitar la dignidad a través de vejámenes dirigidos a nosotras, con formas de tortura específicas para las mujeres que buscaban la libertad de la clase trabajadora y que mantenían viva la esperanza del socialismo en nuestra patria.
Pero no lo lograron. Las mujeres en dictadura fueron las primeras en organizar ollas comunes porque no había para alimentar a los niños y también las primeras en organizarse políticamente ante el manto de oscuridad que reinaba en nuestro país. A través de organizaciones de mujeres que agrupaban a militantes desde el MIR hasta la DC, entendieron que la necesidad de articulación era mayor que sus diferencias y organizaron las primeras protestas contra Pinochet.
También estuvieron aquellas que se organizaron para buscar y denunciar, desde la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP) y el Movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. Se organizaron porque entendieron que el mundo tenía que saber que en Chile se estaban cometiendo crímenes atroces con amparo estatal y que había que sacarle la sonrisa de la cara al dictador.
Pero no solo fue la lucha contra la dictadura lo que llevó a las mujeres a organizarse. Julieta Kirkwood y sus compañeras se atrevieron a cuestionar el orden social y cultural establecido. “Democracia en el país y en la casa” fue uno de los lemas del movimiento feminista que se escuchaba en los ochenta. Porque el machismo las estaba asfixiando, se organizaron a nivel territorial, nacional e internacional. Discutieron sobre el aborto, sobre la carga de trabajo en el hogar, sobre la violencia doméstica, escribieron revistas y sacaron fotografías, y nos enseñaron que, también en la lucha, las mujeres podemos cargar con más de una cosa a la vez.
Ejercitar la memoria no es solo mantener vivo el legado de estas mujeres, sino también seguir su ejemplo, sobre todo cuando el negacionismo se agiganta. El objetivo es ambicioso, pero si nos unimos, nos organizamos y manifestamos más allá de nuestras diferencias, no solo mantendremos lo que las antepasadas lograron, también correremos la barrera de lo posible.
*Valentina Vargas Gutiérrez es encargada política del Frente Feminista del Frente Amplio Biobío.
