Conversamos con Mario Bugueño, dirigente universitario en tiempos de dictadura, y alguien que tempranamente se vinculó al mundo poblacional y a la defensa de los derechos humanos. Le interesa preservar la memoria de lo ocurrido, nos dice, pero lo que más le preocupa es estar junto a quienes hoy sufren la vulneración de sus derechos: los derechos humanos como presente. Considera que es imprescindible alfabetizar en derechos humanos. Tenemos por delante una gran batalla cultural sobre el significado que, para el mundo y para Chile, tienen los derechos humanos, sostiene. Reconoce que el negacionismo y la indiferencia han avanzado, y que una parte importante de la sociedad apoyó en la última elección presidencial una opción negacionista y que relativiza los derechos humanos. Situar la defensa de los derechos humanos no solo como algo que remite a lo ocurrido hace muchas décadas sino también como una herramienta para defender derechos ahora, le parece fundamental. Hoy forma parte de la Defensoría de Derechos Humanos Chile, a quienes seguramente hemos visto dedicados a la observación y recopilación de información sobre el comportamiento de las fuerzas del Estado a cargo del orden público, en marchas y protestas, y a la defensa y protección de quienes participan en ellas.
¿Cómo y cuándo nace la Defensoría de Derechos Humanos?
La Defensoría de Derechos Humanos Chile la formamos un grupo de personas provenientes de organizaciones históricas de derechos humanos en el contexto del estallido social. Nos dimos cuenta que, de alguna manera, la labor de defensa y promoción se había abandonado. La promoción y formación en derechos humanos simplemente se dejó de hacer y los pocos esfuerzos por parte del Estado no contaron con el apoyo ni los recursos suficientes, y terminaron como simples gestos testimoniales concentrados casi exclusivamente en los temas de memoria que quizás fue el único componente que se desarrolló.
Por su parte la defensa y protección no ha tenido ningún avance significativo, los temas centrales en los derechos civiles y políticos (conocidos hoy como derechos de libertad) siguen con un déficit significativo en materia de justicia, con ninguna transformación del sistema de justicia y ningún cambio de las instituciones policiales.
Por otra parte, en nuestro país, aún no se logra un estatus constitucional para garantizar los Derechos Económicos Sociales y Culturales (conocidos hoy como los derechos de igualdad) y, en particular, el pentagrama de la vida digna compuesto por el derecho a la educación, la alimentación, la vivienda, la salud y el trabajo sigue siendo una cuestión más declarativa que material. De estos cinco derechos fundamentales solo el derecho a la educación y el derecho a la salud están garantizados de acuerdo a los criterios de Naciones Unidas.
En atención a estas situaciones decidimos conformar nuestra organización, orientándonos a exigir el pleno respeto a los derechos humanos, hoy.
Siempre hemos sostenido un trabajo en torno a la memoria, pero creemos que nuestro eje es apuntar a cómo, en este momento, en el Chile de hoy, se están respetando o violando los derechos humanos.
Entonces, fue en 2019 que nos reunimos pobladores, vecinos, técnicos y profesionales para conformar nuestra Corporación que hoy ya tiene 7 años de vida.
Somos una Corporación sin fines de lucro legalmente constituida, somos parte del registro de organizaciones sociales del Instituto Nacional de Derechos Humanos y tenemos contrapartes en prácticamente todas las instituciones del Estado relacionadas con el tema.
No somos una ONG pues, como sabemos, estas instituciones promovidas por Naciones Unidas tienen como objetivo abordar temas que los Estados no asumen o no pueden asumir, realizando labores de compensación en temáticas que le correspondería al Estado asumir. La labor de un organismo de defensa de los derechos humanos es la de fiscalizar el actuar del Estado y velar por el cumplimiento de los instrumentos que en esta materia nuestro país ha firmado. Junto a lo anterior, demandar a las instituciones responsables su cumplimiento y en caso de que esto no ocurra, acudir a instancias internacionales, ya sea para presentar denuncias o entregar recomendaciones al sistema de Naciones Unidas, en particular a los comités que sesionan periódicamente recogiendo los informes de instituciones como la nuestra.
¿Cuál es la manera de actuar de la defensoría?
Normalmente todo se inicia con una denuncia que nos llega o bien con una situación de violación de los derechos humanos que nosotros detectamos. De acuerdo a las denuncias que nos han ido llegando, hemos ido conformando las áreas de trabajo. En este momento los temas que más nos ocupan son: los sin casa (tomas de terreno), migrantes, vulneración de derechos de niños, niñas y adolescentes, mujeres, medio ambiente, educación (convivencia educativa y las movilizaciones estudiantiles en particular las de secundarios), derechos parentales, vulneraciones a personas privadas de libertad, acceso a la salud, personas mayores y uno de los temas que llama más la atención: la observación de las manifestaciones para garantizar la libertad de expresión y protesta, y fiscalizar el actuar policial.
Todos estos temas son vistos desde tres ángulos: legal, salud y social. Tenemos redes que nos permiten derivar y colaborar en la resolución de los problemas cuando no tenemos la capacidad de atenderlos nosotros.
Se viven tiempos difíciles para los derechos humanos, tanto para la memoria como para el presente: ¿cómo definirías la etapa que viven los derechos humanos en el Chile de Kast?
Los derechos humanos, como sabemos, son un tipo de derechos que regulan las relaciones entre el Estado y las personas, es decir, tienen como objetivo proteger a las personas de la actuación delictiva o negligente del Estado. No regulan las relaciones entre las personas, para eso están las instituciones y las normas o leyes que cada país tiene.
“Protegernos de nuestros protectores” es el objetivo de los derechos humanos, y este principio fue el resultado de un acuerdo al que concurrieron tres grandes visiones: las teorías revolucionarias, el humanismo cristiano y el liberalismo clásico. Fue un acuerdo histórico en el que estas tres formas de ver la realidad logran este consenso que hoy llamamos los derechos humanos.
Como sabemos, hoy en el mundo existe una nueva dinámica o transformación desencadenada por la caída estrepitosa del modelo neoliberal. En este contexto, han aparecido estos líderes que no reconocen esta nomenclatura de los derechos humanos pues no reconocen filas en los modelos revolucionarios, del humanismo cristiano o del liberalismo (a diferencia de Piñera, por ejemplo, que no cuestionó la vigencia de los derechos humanos y su estrategia fue más bien criminalizar la movilización social, para convertirla en un asunto de seguridad pública).
Personajes como Kast no reconocen los derechos humanos, no los aceptan y no les interesa su vigencia ni respeto. Este régimen no reconoce los acuerdos internacionales, para ellos Naciones Unidas es una farsa. El rechazo de la candidatura de Michelle Bachelet para la testera de Naciones Unidas por parte de Kast, no solo se fundamenta en que la entiende como una enemiga política, sino que no le interesa potenciar o promover la existencia de un organismo como este. Kast y sus aliados son anti derechos humanos, no comparten la estructura internacional en la que se sustentan y no comparten los valores que proclama la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Sí, estamos en un momento complejo, y en este sentido va a ser muy relevante como actúen las instituciones del Estado.
Creemos que hay que observar la actuación del sistema de justicia y de los organismos policiales. Pero mas importante será como se comportarán los funcionarios públicos a los que les corresponde una responsabilidad directa en el respeto de los derechos humanos. Aún es muy temprano para evaluar que conducta tendrán estos actores.
Del mundo político y en especial de sus representantes en ambas cámaras es difícil predecir su comportamiento. En los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría el Congreso fue un actor que, en general, no facilitó y, muchas veces, obstaculizó la implementación de políticas públicas en relación con los derechos humanos.
En general, el mundo político y, en especial, los sectores progresistas no tienen una aproximación clara a los derechos humanos. Un ejemplo concreto en este sentido, es el desconocimiento de los indicadores que se proponen para la elaboración de las políticas públicas. En general, estos indicadores no son conocidos y la gestión pública se hace al margen de ellos. Si esto era complejo instalarlo con gobiernos progresistas, en un régimen como el actual es imposible.
En este momento, las tareas de las organizaciones de derechos humanos y, en particular, las que tienen como eje la defensa y promoción en la línea de observaciones y fiscalizaciones, están concentradas en fortalecer la protección y la vigencia de las libertades políticas, los derechos sociales y la educación y promoción de los derechos humanos.
Desde el punto de vista internacional, vemos una clara ofensiva en contra de los derechos fundamentales encabezada por EE. UU. e Israel, en la que una de las situaciones más emblemáticas es lo que ocurre en Gaza. Por su parte, Europa no ha tenido una reacción de condena ante estos hechos flagrantes; a esto se suma el debilitamiento de las organizaciones internacionales responsables de garantizar la paz a nivel mundial, pues los Estados que componen el sistema tienden a no implementar las indicaciones que se generan en estas instancias o simplemente bloquean las iniciativas que estos organismos proponen.
Entonces sí, no es equivocado afirmar que este es momento de incertidumbre.
Hay un desafío pedagógico en la defensa de los derechos humanos. Se ha debilitado la conciencia histórica en los últimos años, no solo en Chile sino en el mundo, ¿cómo difundir y enseñar, sobre todo a las nuevas generaciones, el valor de los derechos humanos?
El aprendizaje de los derechos humanos pasa por fortalecer la promoción y la alfabetización de estos derechos. Desde la caída de la dictadura, uno de los desafíos más importantes que la transición hacia la democracia fue desarrollar una cultura respetuosa de los derechos humanos. Esta tarea ha sido uno de los fracasos más importantes de la democracia emergente. La responsabilidad de esta situación no solo se la debemos a la falta de políticas públicas en este sentido, sino a que también los propios organismos de derechos humanos hemos sido incapaces de extender a su real dimensión la cobertura de estos derechos, concentrando su significado solo en algunos temas de memoria. Al hacer esto alejábamos estos contenidos de su dimensión asociada a la vida cotidiana de las personas. Cuando hablamos de derechos humanos, las personas no lo vinculan con el valor de los medicamentos, el acceso a la salud, la falta de viviendas, la inseguridad pública, las sanciones injustas de los Tribunales, el alza de los combustibles, las mentiras de los medios, las falsas promesas de las campañas políticas; todas estas situaciones, y muchas más, son delitos que atentan en contra de los derechos humanos y cuando la justicia del país no los castiga corresponde invocar los derechos humanos para obligar a que la ley los sancione y, de no hacerlo, sancionar a la justicia que renuncia a castigarlos.
Pero para que esto ocurra no basta solo con exigir el cumplimiento de la ley, se necesitan personas conscientes de sus derechos, capaces de exhibir y generar una actitud crítica respecto de la sociedad en la que viven.
Entonces tenemos que desarrollar una acción decidida de alfabetización en derechos humanos.
En este sentido nuestra Defensoría está implementando, en conjunto con algunas instancias de la Universidad de Chile, un programa de alfabetización en derechos humanos. Esperamos que durante el presente años podamos comenzar a desarrollar actividades específicas sobre este aspecto tan importante. Este programa apuntará a entregar una lectura básica sobre estos derechos, sin las complejidades del lenguaje jurídico y político. Creemos que se trata de instalar ideas fuerzas que sean capaces de revertir el discurso negacionista de los sectores antiderechos humanos.
Sería interesante que los sectores progresistas entiendan que la promoción de los derechos humanos es una acción ineludible para el avance de una propuesta que proponga cambios significativos en la vida de las personas.
Lo que es claro es que los derechos humanos no se transmiten de forma espontánea de una generación a otra, ¿cuál es la responsabilidad mayor en que esta transmisión se produzca o no?
Uno de los principios que la educación actual señala como fundamental es que el proceso educativo debe ser significativo para los estudiantes, es decir, que los contenidos tengan sentido para los educandos, que se contextualicen, de forma que sean familiares y cercanos. Es mi percepción que la educación en derechos humanos no se hace utilizando este principio fundamental. Es decir, no se aborda la educación en derechos humanos utilizando elementos que tengan significado para las actuales generaciones.
En muchos casos parte importante de la educación consiste en evocar situaciones o experiencias traumáticas que vivió nuestro país. Existe una tendencia natural a que uno intente trasmitir su propia experiencia traumática a las nuevas generaciones, me incluyo en esta dinámica, durante mucho tiempo relacionaba los derechos humanos con mi propia experiencia traumática. Eso en sí mismo no está mal, el problema es que las nuevas generaciones no logran visualizar en sus propias experiencias la vulneración de derechos que ellos mismos están sufriendo.
El mundo adulto debe superar su propia experiencia, no para olvidarla, sino para señalar las actuales formas de discriminación y vulneración que existen, y acompañar a las nuevas generaciones en sus propias luchas.
Es fundamental señalar las actuales vulneraciones que no son ni más graves ni menos graves que las que se tuvo que sufrir en dictadura, solo son distintas y, en algún sentido, suelen ser más complejas de abordar pues amplios sectores se encuentran adormecidos, grandes sectores han normalizado la vulneración y se conforman con formas efímeras de satisfacción.
De alguna manera, no se trata solo de solidarizar con el otro que sufrió una vulneración; de lo que se trata es de que cada individuo asuma que es víctima de vulneraciones y que la falta de conciencia de esta condición es precisamente una prueba de ello.
¿Qué necesita la Defensoría para poder reforzar su actividad?
Nuestra organización es de voluntarios, a cada miembro que ingresa se le dice que ponga un clavo en la pared y ponga su camiseta ahí. Aquí no importa si la persona milita en algún partido o en alguna causa, o si tiene alguna fe o pertenece a alguna minoría. El programa de los derechos humanos está escrito, ahí están los instrumentos. No aceptamos que nadie intente llevar los derechos humanos a sus propios intereses.
Estamos orientados a proteger a la gente, no vemos su color o su nacionalidad. Existiendo una vulneración simplemente actuamos.
Siempre es importante que más gente se sume, nunca somos suficientes, eso es lo primero a tener en cuenta. No recibimos recursos, los gastos que tenemos salen de nuestros bolsillos. Creo que solo hemos participado en un solo proyecto, y esos recursos los usamos en comprar los insumos que nos permiten hacer acciones formativas y de promoción.
Creo que por primera vez vamos a iniciar una campaña por fondos, esto porque vamos a desarrollar un programa de alfabetización y eso tiene costos en insumos; veremos cómo nos va, espero que bien.
En nuestra Defensoría cada defensor colabora en lo que puede, a nadie se le obliga a lo imposible, esto es voluntariado y nos adaptamos a los tiempos con las capacidades de cada uno de nuestros defensores.