Inmediatamente después de que el gobierno de Trump impusiera a Chile un arancel de 12,5%, la Cancillería informa sobre el retiro de nuestro país del Movimiento de Países No Alineados (NOAL). Pareciera que ante el incumplimiento del TLC por parte de EE. UU., el gobierno de Kast quiso mostrar complacencia con la doctrina Monroe (hoy Donroe) para recibir un mejor trato de las autoridades estadounidenses. Curiosa estrategia del ministro Pérez: alineamiento activo con EE. UU. y rechazo al no alineamiento de los NOAL. Desde la Cancillería se sostuvo que «la decisión responde a que la organización (NOAL) se creó como movimiento político en otro contexto global y no responde a los nuevos desafíos y a la realidad internacional actual». Agrega que Chile “mantiene su compromiso con el multilateralismo”.
Se trata de argumentos inconsistentes. En primer lugar, porque el actual contexto global encuentra hoy día iguales o quizás mayores desafíos que en los años de formación de los NOAL. Y, por otra parte, no hay compromiso con el multilateralismo cuando se rechaza participar en una organización de 120 países de África, Asia y América, las dos terceras partes de Naciones Unidas. Ello va contra la idea de diversificar las relaciones con el mundo.
Es bueno recordar que la organización de los NOAL surgió en 1961 con los países del sur global, como un movimiento basado en las luchas anticoloniales. Sus “padres fundadores” fueron Tito, Nehru y el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser. Su objetivo era unir a los países poscoloniales para hacer frente a las superpotencias durante la Guerra Fría, y sus principios se inspiraban en la Carta de la ONU. Es lo que comprometió la incorporación de Chile en 1971. Sus principios fundacionales son plenamente válidos hoy día y deben ser reivindicados: respeto a la soberanía y la integridad territorial de los Estados; no agresión; no injerencia en los asuntos internos de otros países; cooperación política y económica en pie de igualdad; fomento de la coexistencia pacífica a nivel bilateral e internacional. El mundo de hoy no es tan distinto al de ayer. Ninguno de esos principios es respetado.
Con Donald Trump, como presidente de Estados Unidos, ha quedado claro que la política de las grandes potencias, basada en la ley del más fuerte, ha vuelto al escenario global. Está muy cercano el genocidio israelí sobre Gaza y los bombardeos estadounidenses sobre Irán, aunque tampoco son tan lejanas las intervenciones militares estadounidenses en Afganistán, Irak, Libia y Siria. Y, por cierto, también se violan esos principios con la agresión rusa sobre Ucrania. Es cierto que los NOAL han perdido influencia en la actualidad, pero su vigencia debe ser reivindicada ante los hechos de violencia y agresión que sufren los países más débiles. Los desafíos ante la realidad mundial siguen presentes y para enfrentarlos el multilateralismo es irrenunciable.
Los principios que dan origen a los NOAL no pueden olvidarse ante la realidad actual de América Latina, cuando Trump-Rubio se alían incondicionalmente con los sectores de ultraderecha en los países de la región, incumplen los tratados de libre comercio e incluso intervienen militarmente Venezuela, y lo administran como si fuera una colonia. Esas agresiones políticas, comerciales e incluso militares no se pueden responder con complacencia. Y menos con el comportamiento indecoroso de retiro de los NOAL. Por el contrario, la respuesta es firmeza. Exigir el cumplimiento de los compromisos comerciales a las autoridades estadounidenses, coordinar acciones con los gobiernos dignos de la región, como Brasil, México y Uruguay, perseverar en la integración regional y reivindicar las organizaciones del sur global antes que renunciar a ellas.
*Roberto Pizarro H., exdecano de la Facultad de Economía Política de la Universidad de Chile, es economista.
